Nicolás Brito Grandes

Soy un electricista curioso que nunca se queda con la duda

Dos pensamientos de Juan XXIII

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Juan XXIII

Juan XXIII

DECÁLOGO

  1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día. Sin querer resolver el problema de mi vida toda de una vez.

  2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto cortés en mis maneras no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar ni disciplinar a nadie sino a mi.

  3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad. No sólo en el otro mundo sino en este también.

  4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten a mis deseos.

  5. Sólo por hoy dedicaré 10 minutos de mi tiempo a una buena  lectura, recordando que como el alimento es necesario para la vida del alma.

  6. Sólo por hoy haré una buena acción y no la diré a nadie.

  7. Sólo por hoy haré una cosa por lo menos que no deseo hacer y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.

  8. Sólo por hoy haré un programa determinado, quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

  9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario. Que la divina providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.

  10. Sólo por hoy no tendré temores, de manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

Puedo hacer el bien durante 12 horas lo que me descorazonaría si pensase tener que hacerlo durante toda mi vida.

 

 PLEGARIA

La Plegaria, Señor, es solo tuya, pues sólo tuya es la voz de las gentes cuando renacen a la otra vida, rendidos los ojos y el último aliento.

Nada de lo escrito vale cuanto vale lo dicho y recordado con amor y  transmitido al sudor de la tierra, por las voces que musitan oraciones; rezos del alba, la tarde y la noche.

Qué grandiosa es la tierra que has sembrado, y qué solemne la oración que exhala, en brumas de verano y nieblas invernales, para el ojo que de lejos las contempla.

Has dado un hijo a cada hombre, y a cada hombre has dado un pan, y se renueva día a día la plegaria, cuando se parte el pan y muere el hijo.

La plegaria, Señor, es sólo tuya, pues sólo tuya es la voz, que hay en el mundo, la del cordero, la del árbol, la del hombre, la de todo lo que en él pueda tocarse.

Cada tiempo conserva tu recuerdo, pues no se ha dado nunca un paso en vano; incluso el caminante que te ignora, deja tras él semillas de alabanza.

El que calla ha rezado o rezará, y tú por el que calla ya rezaste.

El séptimo día, el día del descanso, cada hombre cuenta ya con su plegaria, que es risa, llanto, grito y furia.

La propia vida reza en el abismo, que tú poblaste de amorosos sueños, al ofrecértenos como Dios de perdón.

La plegaria, Señor, es solo tuya.

Lea mi libro Supervivencia

Written by Nicolás Brito Grandes

22 marzo, 2014 a 20:05

Publicado en Sin embargo se mueve

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